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Bienvenido a
Peñíscola
Comentan que, cuando el pintor se topa de
bruces con la belleza, en un instante su
pupila se dilata hasta inundar el iris. Esa
misma sensación la puede experimentar
cualquier persona, créame, al contemplar por
primera vez la belleza de un castillo
aferrado al mar.
Deseo con todas mis fuerzas que, cuando
acabe de leer estas líneas, se sienta Usted
más cerca de Peñíscola. Esta ciudad,
emplazada al Norte de la Comunidad
Valenciana, se encuentra en un lugar lo
suficientemente cercano como para venir sin
pensarlo, y una vez aquí, lo suficientemente
alejado como para olvidarse de lo que, a
partir de ese momento, nada importa.
La historia nos ha contado, con orgullo, que
el imponente castillo que gobierna la
ciudad, en su juventud, se mostraba al mundo
erguido, firme, impertérrito frente a los
temporales de la naturaleza y del hombre que
lo acechaban sin piedad. Entre sus brazos se
cobijaron Nobles, Caballeros e incluso un
Papa, su más fiel compañero, su hijo
predilecto: Don Pedro de Luna.
Protegió en todo momento, como un padre, a
sus moradores, sin importarle jamás las
creencias que profesasen ni los ideales que
persiguiesen. Quien en él habitaba era
tratado como el más distinguido huésped, y
no debía tener ningún temor. Fue testigo del
cambio de los siglos, del paso efímero de
sus gentes, del devenir del mundo.
Hoy ya, cansado de ser joven, le espera
tumbado en su fina arena, elegante, sereno,
renovado. Si Usted cierra los ojos, notará
cómo el mar lo acaricia, cómo el viento lo
abanica, cómo la brisa lo refresca.
Ahora este viejo Guerrero, como buen
anciano, desea contarle al mundo sus
batallas, sus amores, sus pasiones. Y lo
hace a cada paso, mientras Usted cree
perderse entre sus estrechas callejuelas o
mientras admira desde lo más alto de sus
muros la inmensidad y belleza de su costa.
Desde allí, como si fuesen trofeos, le
mostrará la inexplorada Sierra de Irta, sus
bellísimas playas, sus casas, sus gentes.
Aún con el paso inexcusable de los años,
conserva intacta su condición de afamado
anfitrión y si, como ocurre muy a menudo, le
convence para que vuelva a visitarle, no lo
dude ni un instante. AQUÍ LE ESPERA.
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