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Origen e historia de las fiestas

Origen e historia de las fiestas

La primera noticia que poseemos de la celebración de las fiestas en honor y homenaje a la Patrona María de Ermitana, lleva la fecha 3 de agosto de 1664, en que una sesión del Ayuntamiento ratifica su celebración y normal desenvolvimiento; se decía entonces: "es farà festa lo dia de nostra senyora de Setembre conforme es costum cascun any.... que es sermó, pá beneyt, dolzayna y un bou que sia bó...". Referente a la existencia de las ancestrales danzas procesionales, la noticia más antigua conocida está fechada el 15 de septiembre de 1677 , sin embargo, por lo que de ella se desprende, mucho antes ya se celebraban.

La tradición asegura tienen su origen tras la reconquista, una vez repuesta al culto la imagen de la Patrona ocultada durante la dominación islámica. Otro de los testimonios que nos hablan de la antigüedad de estas celebraciones es lo sucedido en la procesión del primer día de fiestas patronales de 1821. Aquí surgió un incidente que en aquel entonces conmovió la vida de la población. Del expediente dirigido al Juzgado de primera instancia del Partido, el cual adjunta el testimonio jurado de once vecinos entresacamos las ocurrencias acontecidas la tarde del ocho de septiembre en la Parroquial iglesia de esta Ciudad cuando principió a salir la procesión. En la explicación del suceso por parte de cuatro regidores del Ayuntamiento Constitucional de la Ciudad, corroborada por las manifestaciones de los testigos, se pone de relieve que era práctica de inmemorial no interrumpida que la procesión del primer día de fiestas patronales, comenzase saliendo de la iglesia parroquial encabezada por la Virgen del Rosario y seguida por la de la Ermitana, mientras que en la procesión del segundo día, también de inmemorial han salido siempre las dos imágenes del Rosario y de la Ermitaña, precediendo ésta a aquella. Según se lee el cura se opuso a que saliesen las dos vírgenes y solo quería que fuera la primera (Ntra. Sra. del Rosario en el primer día), gritando que en ninguna procesión ¡va más que una Virgen y que por ello aquel día solo había de salir la Virgen del Rosario, y el otro día la Virgen de la Ermitana.

Coinciden todos los testimonios de los declarantes que en vista de la actitud tomada por los regidores y el pueblo el cura abandonó la procesión y no asistió en ninguno de los dos días.

Otro hecho que creemos destacable en es de la visita real el 8 de octubre de 1929. El rey don Alfonso XIII se prestó a orar ante la Virgen de Ermitana S.M. Había llegado a Peñíscola a bordo de la fragata "Infanta Cristina".